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recorrido

Un paseo auto-guiado – Hacienda Cusín, 1602 A.D.

Recorrido de entre 1 y 2 horas que comienza en el patio del área de Recepción.
Nos situamos con la caseta de vigilancia a la derecha y con el generador eléctrico a la izquierda, muy cerca la tienda de regalos Casa Cusín, los baños y las oficinas de Recepción, y café-net.  A la izquierda de la Recepción hay una cancha de squash (1990), que antes fue un establo de ordeño y después un salón de juegos (ping-pong, billar, dardos).  Por un estrecho pasillo llegamos a las cocinas, el comedor del personal, la lavandería y el taller de carpintería. Al frente de la Recepción está nuestra Yapahuasi (‘Casa de Regalos’ en kechwa) con sus habitaciones para huéspedes y suites familiares (que se numeran del 11 al 16).  En 1990, se abrió el paso hacia esta casa con un pasillo anterior, que se adecuó para la construcción de habitaciones para los huéspedes en el año de 1970. En 2003, Manuel Vega reprodujo para el proyecto de restauración de las edificaciones los diseños de estilo morisco de las baldosas azules originales. En otros tiempos, el patio empedrado de la Recepción resonaba con el golpeteo de las herraduras de los caballos que se guardaban en las antiguas pesebreras de Yapahuasi. Los fines de semana, la Señora Piedad presenta los famosos bordados de Zuleta, mientras que Luz María Andrango, hija del tejedor Miguel Andrango, exhibe sus artesanías en un puesto cercano.

Atravesemos ahora el portón de hierro forjado, viremos hacia la izquierda, y caminemos frente a la suite triple (Nº 18). A la derecha, después de la línea divisoria del patio construido en el año 2003, veremos las puertas azules de entrada a la casa central. En este patio, al aire libre, podremos disfrutar de un apetitoso almuerzo con sopa, o de un sánduche, un café, un capuchino, té o unos refrescos.  Los baños se encuentran a mano derecha.

LA CASA CENTRAL
Al entrar en la casa central, ante nosotros veremos el altar con la figura de San Pablo; en las escaleras podremos apreciar una imagen de Santa Bárbara del S. XVIII y, en el mismo refinado ambiente, encontraremos un tapiz flamenco, que posiblemente representa la batalla de Lepanto (1571).  A la derecha están el Salón Bolívar y el comedor, y, a la izquierda, si cruzamos las escaleras, el bar. El aparato telefónico que se halla junto a la entrada del bar es de 1895.  Aquí cabe mencionar que hasta el año de 1990 Cusín únicamente tenía una línea telefónica compartida, y antes de que se instalara el conmutador moderno, la autoritaria operadora de la centralita se negaba a conectar llamadas al extranjero. Por fin, y después de que un monigote de “año viejo” la representara y de que éste fuera quemado a vista y paciencia de los entusiasmados espectadores, la operadora se mudó al barrio de Queens, en la ciudad de Nueva York.  

EL BAR
Frente a la chimenea, de izquierda a derecha, podemos admirar una manta peruana de Titicaca, dos huipiles (blusas de mujer) guatemaltecos (uno de Chichicastenago y, sobre la chimenea, otro de Solana), y, al extremo del salón, un poncho boliviano (de Titicaca también).  Las máscaras blancas son moldes realizados en cartón piedra en Riobamba para las fiestas populares. En 1991, varios artistas de Tigua (por la laguna de Quilotoa, en la provincia de Cotopaxi), crearon el cuadro en el que se representa el viaje imaginario del artista norteamericano Frederic Church desde Cusín (derecha) al Chimborazo (izquierda) en el siglo XIX.  A mano izquierda de la salida hay dos grabados de aves elaborados por el artista Paul Greenfield (Aves del Ecuador). A la derecha, como un recuerdo curioso, tenemos un folleto sobre la Hacienda Cusín del año 1988.

Las telas y los tejidos son símbolo de riqueza y rango social, militar o religioso. Las mujeres elaboran, en un telar de cintura, la manta o asku.. El telar representa una montaña sagrada con facciones humanas. La lana teñida se hila y teje en un complicado proceso de auténtica ingeniería. Cuando ya se han completado las dos franjas, que tienen, cada una el ancho del telar, se cosen las dos piezas. La prenda se lleva encima de los hombros y se sujeta con un prendedor de plata (tupu), y la persona que la viste representa la montaña sagrada, y la manta un paisaje con símbolos míticos. Algunos de los tejidos más finos que se han hecho en telares de cintura se encuentran en Chincheros, Perú.